miércoles, 21 de mayo de 2008

Las Voces del Desierto / Marlo Morgan / Ediciones B


Las Voces del Desierto relata la experiencia de su autora, Marlo Morgan, durante los meses que permaneció viviendo junto a una familia de aborígenes en el Outback australiano, el interior desértico de este continente. Es una historia donde nos habla de la transmutación personal, de la realización alquímica que este episodio trajo a la vida de su autora.

Este libro lo leí hace ya mucho, mucho tiempo. Tanto que he tenido que recurrir a internet para recordar el nombre de su autora. Al hacerlo me he encontrado con un comentario de otra lectora que transcribe un pequeño apartado de la obra. Al igual que ella, recuerdo especialmente este fragmento por lo mucho que me impresionó, hablando de sanación y del sentido de ciertos acontecimientos:

"...al caer de la tarde se desató la tragedia, o al menos lo que a mi me pareció una tragedia en este momento. En el grupo había un hombre de treinta y tantos años...su talento consistía en hallar piedras preciosas... Aquel día en particular el Gran Rastreador de Piedras caminaba por el borde de un terraplén cuando cedió la tierra y él fue a caer por el risco hacia la superficie rocosa, seis metros más abajo. ...Corrimos hacia el borde y miramos hacia abajo. Parecía un guiñapo, y se veía ya un charco oscuro de sangre. Varios miembros de la tribu corrieron cuesta abajo hasta la garganta y lo subieron en un santiamén haciendo uso de un sistema de relevos... Cuando lo depositaron sobre la pulimentada roca de la cima, la herida quedó a la vista. Era una fractura complicada y muy grave entre la rodilla y el tobillo. El hueso sobresalía, como enorme y feo colmillo... Hombre Medicina pasaba las manos por la pierna herida a unos dos centímetros de la piel con un suave movimiento deslizante, primero en paralelo y luego con una de arriba abajo y la otra al revés...Según me explicaron, el movimiento de las manos a lo largo de la pierna sobre la zona herida, sin tocarla, era un método para devolver la antigua forma de la pierna sana y para eliminar el hinchazón...Hombre medicina colocó las manos alrededor del tobillo. En realidad no parecía que tocara ni tirara del pie. Mujer que Cura hizo lo propio con la rodilla. Hablaban en forma cánticos...debieron de utilizar un método de tracción, pero yo no fui capaz de verlo. Sencillamente, el hueso volvió a meterse por el agujero del que asomaba..." También recuerdo que explicaba que ese accidente tenía un sentido, y que él se había ofrecido a pasar por dicho trance de sufrimiento para que la autora, Marlo Morgan aprendiera algo.

También me impresionó otro mensaje: la de los aborígenes australianos, seres que han aceptado desaparecer como comunidad porque su papel en este mundo ya había terminado.

Se supone que uno habla de los libros que ha leído y comprendido. Yo no estoy muy seguro de esto último. Si lo hubiera hecho, ¿mi vida sería la que es o sería distinta? Pregunta que podemos aplicar a todo lo que leemos.

Es cierto que al terminar me quedó alguna que otra sensación extraña, incluso de desconfiar en algún capítulo de lo que se contaba en el mismo. De hecho, se afirma en internet que la autora confesó que no había vivido tal historia, sino que la inventó a partir de su conocimiento de los indios americanos.

¿Realidad, ficción? A quien sea capaz de distinguir entre ambas pueda que esta distinción le resulte importante. Para mí fue uno de esos primeros libros que me decían que había que abrir puertas, y crear historias. Hay coincidencia: Quien lo lee desearía haber vivido una historia similar. La cuestión no es desear, sino ponerse a ello. Es aquí donde confundimos realidad y ficción y, habitualmente, nos quedamos con lo que no nos sirve. ¿Quién me dice que no es esta la enseñanza fundamental de la obra de Marlo?

Decir que es de lectura muy amena, entretenida y que se disfruta mucho. Es un buen regalo, y las sensaciones de su lectura aún perduran. Por eso mi homenaje y este comentario. Quien esté interesado, que marque el título en google y obtendrá acceso a múltiples blogs donde se comenta esta obra más extensamente y mejor que aquí. Sin duda, muy recomendable.

Título: Las Voces del Desierto
Título original: Mutant Message Down Under
Autor: Marlo Morgan
Traducción: Gemma Moral Bartolomé
ISBN: 84-406-5304-2
Precio: 15,99 €
Edición: Ediciones B, S.A.
Impreso en España.


6 Comments:

Verónica said...

Querido Tomás, me alegro de que por fin hayas podido acceder al blog y que nos dejes tan precioso regalo en forma de comentario.

Leí Las Voces del Desierto hace también algunos añitos y realmente me fascinó. Yo también deseé vivir una aventura como esa que "vive" la autora. Es un libro de apertura, un buen libro para empezar a preguntarse por el sentido de esta vida, la nuestra, y que pocas veces le vamos a encontrar. Es maravilloso imaginar cómo sería vivir en tal armonía con la naturaleza. Realmente, en esta sociedad de mercado, tan cegada por la publicidad y las necesidades imaginarias que nos crea, es para mí muy triste. Ver como nos dejamos manipular por los gobiernos, las grandes multinacionales y todo tipo de empresas que se empeñan en alejarnos de nuestra naturaleza humana para convertirnos en borregos ciegos que caminan sin pararse a preguntar el por qué de tanta locura.

Es un libro preciosísimo que poco importa si es una historia real o ficticia, lo importante, como tú bien dices, es el mensaje y el anhelo que deja al lector de regresar al pasado, cuando las necesidades del ser humano eran las reales y no las que los otros nos quieren hacernos creer.

Curro said...

No he leído este libro pero he escuchado mucho hablar sobre el y estoy de acuerdo en que lo importante es el mensaje.

En lo que no estoy de acuerdo es que sea el entorno el que defina la calidad de nuestra naturaleza humana, ni que la humanidad este ahora mas ciega, ¿que cuando?.
Podemos estar en armonía con la naturaleza, con nuestra naturaleza y con el todo, en medio de un atasco, de un centro comercial o de un campo de concentración. Es nuestra actitud la que determina la calidad de nuestra existencia.

No se a que pasado tenemos que regresar, si te refieres a antes del Neolítico, cuando el ser humano solo podía ocuparse de su supervivencia física y no había cabida para un desarrollo espiritual colectivo.
Es verdad que los aborígenes australianos son una excepción de desarrollo espiritual colectivo, pero también es verdad que el resto de la humanidad antigua y las etnias que han llegado hasta la actualidad, estaban inmersas en la misma espiral de violencia que nos rodea en la actualidad y estaban desando una excusa para acabar con el pueblo vecino.

Incluso los muy venerados indios de las praderas norteamericanas, la mayoría de sus tribus eran bastante violentas entre ellas, por algo inventaron lo de cortar cabelleras.

Bueno voy a dejarme de relativismo cultural, que me enrollo

Verónica said...

Pienso que las únicas necesidades reales son las de supervivencia. Cubierta la supervivencia, el ser humano ya puede comenzar a desarrollarse espiritualmente, individual o colectivamente. Mejor individualmente.

Personalmente me siento mejor en la playa o en la montaña que en un atasco de ciudad, de aire irrespirable, y ruidos ensordecedores; aunque a veces me he sentido en la gloria dentro del coche rodeada de todo eso. No dejo de estar en armonía con mi entorno, pero Naturaleza y entorno no son lo mismo.

Naturaleza es la madre tierra, pura, limpia, salvaje. Debemos adaptarnos a ella, no adaptar la tierra a nosotros. Ella estaba aquí primero.

Hay que adaptarse a los tiempos que corren, pero no por ello dejar que nos arrastren a donde no queremos ir.

Tomás said...

Puede que Verónica haya interpretado la historia de Marlo como una vuelta al pasado, quizás mejor, a los orígenes. La palabra ab-orígen, ¿qué nos dice? Es como el concepto religión que creo se ha comentado antes en este blog(de religare, volver al origen).
Comprendo su hastío en un entorno consumista del que todos los que estamos en este lado participamos, pues los del otro lado apenas acceden al hambre de tener hambre. Por consumir, ellos consumen su hambre. En Verónica, su hambre de autenticidad quizás la lleve a Rousseau.
Curro, aunque no te conozco, déjame que intente seducirte con la mirada del derrotado. Sé que en nuestra sociedad no es una mirada cautivadora, y que la compasión, o quizás, compartir con-pasión, no suele ser una práctica habitual. Digo con la mirada del derrotado porque si bien mantengo mi serenidad en los atascos -no he dicho "siempre"-, mi humor en un centro comercial, y alcanzo a imaginar -lejanamente, eso sí- la memoria de lo que puede ser vivir en un campo de concentación, después de leer a Víktor Frankl -creador de la logoterapia- por su propia experiencia en "El hombre en busca de sentido", me queda mucho camino para la armonía. Claro que lo que dices es posible: armonía con quien te odia, con quien te lastima, con quien te hace daño o mata a quien tú más quieres. Es lo que nos enseñó el relato de Marlo Morgan con el ejemplo de los aborígenes australianos, y es la enseñanza máxima llevada a la práctica -para los cristianos, sería ese al que llaman Jesús-: todos somos uno. Por eso Marlo explica cómo habían decidido extinguirse como pueblo para señalar al mundo lo que iba a suceder si seguíamos por el camino que hemos elegido.
Dicen que el universo se mueve hacia sus orígenes, que lo que llamamos futuro es en realidad lo que ya ha pasado. Claro que si el tiempo no existe esa idea tampoco es posible, ¿o sí?
Juega con la posibilidad de esta idea.
Es un debate interesante ese de la violencia de nuestros ancestros. Antes se mataba cara a cara, se comía el corazón o el cerebro del enemigo, no por bestialidad, sino por respeto y para adquirir el valor o las virtudes del enemigo. La muerte tenía un sentido, al menos en el plano humano. Había, en el fondo, quizás, latente la idea del Uno, aunque fuera a costa del otro. Los nazis, sin embargo, hacían jabón. Las bombas de neutrones protegen la propiedad. Somos más limpios, más asépticos, y la muerte no ensucia porque carece de sentido.
Pero no creo que sea por ser más evolucionados como inconsciente colectivo, o conciencia única, sino porque somos más desalmados como sociedad y más hipócritas. Es lo que se llama efectos de la modernidad. No matamos al cerdo, no quienes lo consumimos, lo adquirimos convertido en filete o jamón, en una bandeja neutra puesta en el estante de un comercio. No hay historia detrás (o no la compramos), no hay sufrimiento del animal, no hay sacrificio. Pagamos por una historia que comienza en el momento que la cogemos del estante. La historia anterior queda borrada en la bandeja. Ha sido desagregada. No matamos, consumimos. No padecemos por los que mueren en Africa, o como mucho sentimos lástima por los que se mueren en las pateras. Nuestros valores se protegen desagregando la pera del peral, el peral del agricultor, el agricultor de su comunidad, su comunidad de su país, su país del continente, éste del planeta... y así sucesivamente. Somos más civilizados.
Pero no es esta disertación una contestación a Curro. Más bien una coletilla a lo escrito por Verónica.
Creo que la palabra clave de la historia de Marlo Morgan es alkimia. Transmutación. Quizás los que estamos lejos de conseguirlo, los que sentimos que hemos andado poco siendo tanto y tan largo el camino, tan duro y costoso, sentimos que la historia de Marlo es preciosa y es un camino que nos llama, que nos grita, que nos habla desde nuestra conciencia. Quizás sea tan sólo eso. Y es lo que compartimos al leer este libro. Un abrazo.

Verónica said...

Tomás, gracias por la coletilla.

Las palabras no siempre son capaces de transmitir un sentimiento, una sensación, un sentir. Y otras tantas son malinterpretadas.

Anhelo un mundo sin palabras, donde lo que se transmita se haga de corazón a corazón.

Curro said...

Me ha gustado mucho tu comentario Tomas, y ademas me has cogido al vuelo la referencia a Viktor Frankl. Te aseguro que yo seria incapaz de sentirme así en un campo de concentración, pero eso no quita que sepa que ese es el objetivo y hacia donde tengo que dirigir mi rumbo.

El maestro Deshimaru siempre insistía en que para resolver el problema de la humanidad, el colectivo, primero había que resolver el individual; la historia de la humanidad esta llena de intentos de un mundo mejor y todos sin distinción han terminado como el final de Rebelión en la granja de Orwell.

Ningún despertar individual tiene sentido sino contribuye a un despertar colectivo, podemos irnos al mas bello rincón de la tierra y aislarnos de lo que no nos gusta, pero siempre nos llevaremos con nosotros las cosas que tenemos que solucionar.

En cuanto al nivel de violencia, hoy en día se puede eliminar a miles, a cientos de miles de personas a la vez, mientras antes había que ir de uno en uno, ¿porque el pecado es menor? Para mi es lo mismo, son seres atrapados por sus pasiones e inmersos en la ignorancia que son incapaces de ponerse en lugar del otro.

En cuanto al concepto de religión, lo enlazas con el de aborigen, yo entiendo esa vuelta al origen de la palabra religión, como volver a re-unirse con la totalidad de la que nos hemos separado, y no como una vuelta al pasado, sino como expresión de la fusión con el todo que todo ser humano necesita.

Por ultimo, yo no digo que seamos mejores que antes o que pueblos tecnológicamente menos desarrollados, porque de hecho somos los mismos seres, sino que el desarrollo actual de la humanidad ademas de la cruz de la posible destrucción de la tierra y de la especie, tiene también la cara de posibilitar que un numero amplio de seres en todos los rincones del planeta se encuentren en situación de dar un salto cualitativo en la forma de experimentar su humanidad y a la vez por osmosis provocar un cambio a nivel colectivo. No olvidemos que TODOS VAMOS EN EL MISMO BARCO.